DEPRESIÓN

DEPRESIÓN
Depresión
Es una enfermedad de alta frecuencia en las personas mayores, al menos el 10% la padecen. En la actualidad la depresión tiene la ventaja de que goza de una muy buena respuesta al tratamiento farmacológico, con lo que mejora así su calidad de vida.

Es un error achacar a la vejez los síntomas de la depresión, es decir, tristeza, desesperanza, falta de estímulo, insomnio, falta de apetito, no querer estar con personas o familiares. Si aparece cualquiera de estos síntomas, hay que pensar que no es por la edad y que puede ser por una depresión.

En el capítulo 8 se expone el test de Yesavage que se puede pasar para evaluar si la persona mayor a quien atendemos se encuentra deprimida o no. En cuanto aparezca cualquier síntoma de los descritos anteriormente, utilice esta prueba y si es positiva, remítala al médico de familia para que una vez valorado, lo deje en manos del geriatra o del psiquiatra para evaluar cuál es el mejor tratamiento.

El tratamiento.

Es fundamental no asustarse por las contraindicaciones de los antidepresivos, puesto que son fármacos que tienen demostrada su utilidad. Hay que esperar 15 días o más para ver su beneficio y mantenerlos el tiempo que el médico estime oportuno. Junto con la toma de la medicación es necesario, a la vez, corregir las causas que han motivado la situación que le ha llevado a la depresión. El apoyo de la familia y amigos es fundamental.

El trato con la persona mayor deprimida debe basarse en la paciencia y en la comprensión de una situación de alteración del ánimo, por lo general reactivo a alguna causa de enfermedad y que le han abocado a la dependencia de otra persona, con el consiguiente sentimiento de carga, que, junto con la soledad y el aislamiento, le llevan a preguntarse sobre el sentido de su vida. La integración en la familia, la huida del aislamiento y de la soledad son sin duda medicaciones tan importantes como los antidepresivos, y con mejores resultados.

Hay que recordar que cuando se toman antidepresivos es necesario: evitar conducir o hacerlo lo menos posible, por riesgo a la somnolencia y alteración de los reflejos, que conlleva también un aumento del riesgo de caídas.

El suicidio.

Las personas mayores son las que más se suicidan. Cuando una persona mayor alude de forma crítica a que se quiere quitar la vida, lo primero que se debe hacer es tomarlo en serio, no reprimirlo, dejar que exprese sus sentimientos de desesperanza, de carga, de culpa, y poner los remedios urgentes para evitar que puedan consumar sus ideas. Uno de los primeros es un envío urgente al psiquiatra. El psiquiatra será sin duda quien valorará el riesgo o no de consumar su amenaza y los remedios a poner en práctica cuanto antes.


 
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