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Cómo atender mejor a nuestros mayores Guía Práctica
LA ENFERMEDAD DE ALZHEIMER Y OTRAS DEMENCIAS
Introducción
Síntomas
Prevención y tratamiento farmacológico y no farmacológico
Recomendaciones para la atención a personas con demencia
Manejo de los trastornos de conducta
Asuntos legales y financieros
Síntomas
SÍNTOMAS
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Debe sospecharse la existencia de la enfermedad de Alzheimer cuando los olvidos normales de la edad se hacen más llamativos, y a la vez, estos olvidos dificultan actividades sociales habituales como salir o pasear por miedo a perderse, no reconoce a los amigos o no es capaz de hacer la compra. Al mismo tiempo, o con posterioridad, las dificultades pueden aparecer en la casa: no apaga el fuego, no se viste bien (se pone los pantalones o la falda por la cabeza)... Cuando va progresando la enfermedad ya confunde a los familiares, hay dificultades para bañarse o comer y aparece falta de control de la orina y las heces, e incluso agitación y agresividad.

Los síntomas anteriores se desarrollan a lo largo de varios años. Si aparecen en semanas o pocos meses, suele tratarse de delirium , que es totalmente reversible y tratable desde el punto de vista médico, por lo que debe acudir inmediatamente al médico para su evaluación y su tratamiento. En cualquier caso, el médico especialista en geriatría, el neurólogo o el psiquiatra deberán realizar el diagnóstico de demencia y del tipo de que se trate.

No obstante, las principales señales de alerta son:

- Problemas de memoria: son el síntoma principal y el más precoz en demencias como el Alzheimer. Primero afecta a los hechos recientes. No obstante, no hay que inquietarse si una persona no recuerda un nombre o una fecha que luego le viene a la cabeza en el momento menos pensado. Estos problemas de memoria son enojosos, pero benignos. Por el contrario, lo preocupante son los problemas que afectan a la vida cotidiana: olvido de una cita, no acordarse de lo que uno iba a comprar, etc.

- Problemas de orientación: los problemas anteriores de memoria suelen ir acompañados de problemas de orientación en el tiempo. No saben si es lunes o miércoles, si es el cinco o el seis de junio, ni mucho menos el año en el que viven, el mes o la estación (primavera, verano, otoño o invierno). Las dificultades para orientarse en el espacio comienzan con la pérdida en lugares conocidos como el barrio, cuando se va a coger el autobús, cuando se sale a la compra y, conforme avanza la enfermedad, ya en estadios graves, se pierden en la misma casa, sin saber si están o van a la cocina, al baño, al comedor...

- Bruscos cambios del humor sin razón aparente: el paso repentino de la serenidad al abatimiento, de la alegría a la tristeza, de la calma a la cólera y viceversa, es ya un síntoma de enfermedad. De igual forma, lo son los cambios importantes de personalidad, la tendencia manifiesta a la apatía y la falta crónica de entusiasmo.

- Problemas de lenguaje: una persona que solía utilizar la palabra justa y adecuada empieza a utilizar de forma repentina en sus frases genéricos como "cosa, eso...". Más tarde, ya que no encuentra la palabra adecuada, trata de salvar la dificultad con el uso de otras como, por ejemplo, "ese chisme para escribir", en lugar de "lápiz". En la escritura también ocurren los mismos fallos.

- Pérdida de juicio: puede manifestarse por una apreciación inadecuada de una situación (no preocuparse ante una situación económica grave, por ejemplo) o por comportamientos diarios irracionales (ponerse dos camisas, una encima de la otra, por ejemplo).

- Incapacidad para comprender las nociones abstractas: una persona con Alzheimer olvida por completo el significado de los números, hasta el punto de ignorar lo que significa su cumpleaños. Hay personas que nunca saben dónde dejan las llaves, o las gafas, así que no conviene alarmarse si esto les ocurre también a los 80 años. Por el contrario, es preocupante que un viejo profesor de matemáticas no sepa realizar un cálculo sencillo.

Con cualquiera de estas señales de alarma es necesario realizar una valoración mental. No siempre el estado mental de una persona mayor resulta aparente. Puede tener un aspecto normal y padecer una demencia moderada, o suceder lo contrario. Con frecuencia, personas con el fatídico diagnóstico resultan ser normales cuando se estudian sus trastornos. Para determinar el estado mental existen multitud de escalas. Una muy sencilla que puede pasar cualquier persona para ver su situación cognitiva es el test de Pfeiffer, en la que más de cinco errores implican casi con seguridad la existencia de demencia. El diagnóstico es mucho más complejo, pero una alteración de esta prueba, sobre todo si persiste o aumenta, debe ser razón suficiente para acudir al médico.

Junto con las pruebas donde se valoran las alteraciones cognitivas de la persona mayor, deben detectarse alteraciones en los siguientes cuatro indicadores:

- Dificultad para controlar su economía: por ejemplo, hacer la declaración de la renta, ir a la compra, ir al banco, resolver cualquier problema administrativo.

- Dificultad para controlar los desplazamientos: tanto en coche como en transporte público. Con frecuencia se toma la dirección opuesta, o se elige mal en un cruce importante, o sencillamente se pierde y le cuesta volver a orientarse o necesita de otra persona para que le oriente o le devuelva a su casa.

- Dificultad para utilizar el teléfono: se olvidan los números de teléfono que antes se conocían, como el teléfono de sus hijos, o bien se quiere llamar a uno marcando el de otro...

- Errores en la medicación: la persona confunde con frecuencia las gotas que se toma por la mañana con las pastillas del mediodía o con las de antes de dormir, o sencillamente deja de tomárselas.

El diagnóstico debe de pasar por un reconocimiento lo antes posible por parte de la familia o de los cuidadores de estas deficiencias para acudir al médico de atención primaria. Éste, después de evaluarle, le remitirá al especialista de geriatría, de neurología o de psiquiatría para su diagnóstico definitivo y el inicio del tratamiento. Conforme la persona mayor presenta más edad y más complicaciones, el especialista indicado es sin duda el médico especialista en geriatría.


Introducción
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Prevención y tratamiento farmacológico y no farmacológico


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