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Cómo atender mejor a nuestros mayores Guía Práctica
LA ENFERMEDAD DE ALZHEIMER Y OTRAS DEMENCIAS
Introducción
Síntomas
Prevención y tratamiento farmacológico y no farmacológico
Recomendaciones para la atención a personas con demencia
Manejo de los trastornos de conducta
Asuntos legales y financieros
Recomendaciones para la atención a personas con demencia
RECOMENDACIONES PARA LA ATENCIÓN A PERSONAS CON DEMENCIA
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- Crear una rutina fija en las actividades cotidianas que debe recogerse en una lista ordenada según el momento en que tienen que ejercitarse.

- Recordarle los principales acontecimientos del día y repetir en voz alta el nombre de las personas con las que se encuentra, incluyendo el del cuidador.

- Su casa y la cara de familiares pueden resultarle nuevas cada día. Es importante orientarle varias veces al día respecto al tiempo (hora, día, estación, año), lugar (domicilio, ciudad, provincia) y relacionarlo con las rutinas diarias (por ejemplo, son las nueve de la mañana y es la hora del desayuno).

- Es útil colocar relojes, calendarios, recuerdos personales, en su sala de estar y en su habitación; y carteles en las puertas de las habitaciones más importantes (cocina, WC, etc.). Los objetos personales deben guardarse siempre en lugares fijos. Se evitarán en lo posible los cambios de domicilio porque facilitan la desorientación. No son buenas las vacaciones en la playa o en la montaña, o en casa de otros amigos.

- La pérdida de objetos es muy frecuente en estos pacientes. La familia debe mantener a la vista los objetos que use de modo habitual. No deben cambiarse de lugar los objetos de uso diario, así como los libros y revistas. No deben mantenerse a la vista los objetos de valor porque puede cogerlos y extraviarlos.

- La pérdida de memoria del paciente puede ser tan importante que repita muchas veces una misma pregunta y olvide con rapidez la respuesta.

- Procure que el paciente mantenga una rutina de actividades fija y ordenada. Intente que las haga él solo, aunque tarde más tiempo. Anímelo cuando lo consiga. Intente mantener las actividades que tengan o hayan tenido un interés especial durante su vida. Propóngale tareas sencillas sin riesgo.

- Evite situaciones o acontecimientos que puedan desencadenar reacciones catastróficas. Si no puede evitarlas, anticípese a ellas. Por ejemplo, si tiene que llevarle de compras, evite los sábados por la mañana y los viernes por la tarde. Vaya cuando el supermercado no esté como un hervidero de gente. Si van a comer fuera, evite las horas más concurridas de los restaurantes.

- Haga que su vida sea lo más previsible que se pueda. La mayoría de nosotros nos cansamos de llevar siempre la misma rutina, pero para las personas con demencia la rutina diaria es segura y cómoda. Los cambios repentinos de horario pueden precipitar reacciones catastróficas. Planee su vida cuanto sea posible.

- Limite la elección. Recuerde que la capacidad de discernir está seriamente afectada en la enfermedad de Alzheimer. Si está ayudando a su madre o a su mujer a vestirse, por ejemplo, decirle que escoja entre el vestido azul, el marrón, el amarillo o el blanco puede agobiarle. Puede enseñarle dos vestidos y decirle que escoja uno, o, simplemente, puede que tenga que escogérselo usted.

- Ayudas para vestirse. Puede empezar restringiendo el abanico de posibilidades de elección de estilos y colores. Es menester utilizar ropas fáciles de lavar y de ponerse (con botones grandes o "velcro" y con el cierre delantero). Para vestirle es preciso colocarle la ropa en el orden en que debe ponérsela y no toda a la vez: primero la ropa interior y, una vez que se la ha puesto, seguir con el resto. Conviene quedarse en la habitación y controlar cómo se la pone. Si olvida cómo se pone alguna prenda, hay que mostrarle cómo se hace, repitiéndolo él después.

Cualquier cosa que haga mal una persona demenciada, no hay que reprendérsela, sino volverla a hacer con él, mostrándole una y otra vez la forma con cariño, despacio, mirándole a los ojos y con tono cálido de voz
- Cómo ayudar en las comidas. Estos enfermos no precisan un régimen especial de comidas. A veces se empeñan en comer sólo un tipo de productos. Aunque los excesos en este sentido pueden desequilibrar una dieta, es mejor que coman caprichos a que no coman nada. Conviene avisarle previamente qué comida va a servirse, con lo que se reduce la desorientación del paciente. En la mesa hay que ofrecerle un plato cada vez. Si ve todos juntos puede desorientarse. La familia debe hacerse de forma progresiva tolerante ante los malos modos del paciente en la mesa. Cuando el sujeto comience a acumular demasiado alimento en la boca debe recordársele que tiene que tragar. Evite que se distraiga. Escoja lo que pueda comer con facilidad (lo que se tome con cuchara, lo ya cortado o lo que se coge con la mano). El cuidador tiene que obligar al enfermo a beber líquido en abundancia, aunque se niegue. Si es necesario deberá administrárselo con biberón. Los enfermos de Alzheimer pueden olvidar si han comido o no, debido a sus problemas de memoria. Para evitar, en la medida de lo posible, que esto ocurra, se recomienda lo siguiente:

La hora de comer debe ser siempre regular; hay que procurar que coma siempre a la misma hora.

Se le debe poner un babero o una servilleta por si le cae comida encima. Así se evitará tener que lavar la ropa de forma constante.

Se recomienda que los cubiertos sean de plástico, así como que su colocación sea siempre la misma.

- Conducción de vehículos. Cuando se tome la decisión sobre si puede o no conducir debemos sopesar el avance de la enfermedad y evaluar hasta qué punto se ha convertido en un peligro para él y para los demás. La enfermedad en estos pacientes merma poderosamente su capacidad de conducir y permitírselo puede acarrear problemas legales. Se evitan las discusiones con el enfermo pidiendo al médico que informe al paciente sobre su imposibilidad de conducir.

- Distracciones y pasatiempos. Los juegos y aparatos muy complejos no resultan útiles. Los juegos de cartas simples hacen disfrutar a estos ancianos. Hay que recordar que su capacidad para la concentración es muy limitada (30 minutos), tienen poca capacidad creativa y escaso sentido del humor. Otros dos tipos de actividades apropiadas son el cuidado de las plantas, la música o trabajos manuales sencillos.

- Supervisión y vigilancia nocturna. Evite los adormecimientos por el día. Suelen levantarse por la noche, especialmente si por el día duermen mucho. Deben tomarse precauciones por si se levanta por la noche: por ejemplo, dejar la luz encendida.

Si tiene tendencia a escaparse de casa puede colocarse un dispositivo de alarma que se active al abrir la puerta.

- Vacaciones y relaciones sociales. En general los viajes no son aconsejables. El traslado a lugares desconocidos puede asustarle. Se puede invitar en el domicilio a amigos y vecinos si conocen la situación y pueden actuar de forma adecuada. Para ello, debe avisarse y prepararse de antemano al enfermo. Deben repetirse los nombres de los visitantes cuando lleguen. Estos pacientes se sienten felices con asistir como simples observadores a situaciones sociales. Los niños pequeños suelen agradar al anciano y no se les debe impedir visitarle. Los adolescentes pueden sentirse avergonzados por tener un familiar en las condiciones del abuelo.

- Higiene. En ocasiones, el enfermo puede ser agresivo cuando se le realiza la higiene personal, o también puede volverse depresivo. La persona que se encarga de las tareas de higiene y cuidado debe entender que estas reacciones no son deliberadas ni las hace con mala intención. Tiene que entender los sentimientos del enfermo, ya que éste pierde uno de los aspectos más valiosos de la persona: la intimidad. Deben cambiarse las sábanas como mínimo dos veces a la semana o, si fuera necesario, todos los días. La ropa interior del enfermo (pijama, calzoncillos, camisas) debe mudarse cada día.

Baño y aseo. Mantener un correcto aseo y vestirse de manera adecuada eleva la autoestima del anciano. En caso de que el anciano se resista a bañarse y mudarse de ropa, debe recordársele por qué tiene que hacerlo. De persistir en su negativa puede solicitarse al médico una indicación escrita de la necesidad de bañarse 2-3 veces por semana. La persona cuidadora no debe encontrarse ocupada en otra actividad cuando el anciano esté bañándose o aseándose. Es importante en ambos casos secarle bien la piel una vez bañado. Es fundamental el aseo de los genitales. La incontinencia (de aparición en fases tardías de la enfermedad) es un problema muy común en este tipo de ancianos. El cuidador puede establecer un programa de aseo, recordándole cada dos horas que acuda al servicio1así como en momentos especiales: al levantarse, después de las comidas o al acostarse. Las ropas deben ser holgadas, anchas, cómodas y fáciles de quitar. Es recomendable disponer de dos o tres orinales distribuidos por la casa, por si no llega a tiempo al cuarto de baño.

- Lenguaje y comunicación. Muchas personas tienen la costumbre de hablar en tono muy alto a las personas mayores, aun no teniendo éstas problemas de audición. Hay que tener cuidado con este hábito porque si se les habla demasiado alto pueden pensar que se les está regañando. Es importante no olvidar las siguientes recomendaciones:

- Es mejor emplear frases breves y muy sencillas para hablar al enfermo. Ofrézcale los pensamientos uno por uno. Deje que una tarea esté terminada antes de hablar de otra cosa.

- Conviene mirarle directamente a los ojos. Si el enfermo tiene dificultad para encontrar la palabra precisa, es mejor ayudarle a encontrarla. Le resultará menos frustrante que dejarle luchar para encontrarla él mismo. Si el enfermo tiene dificultad para expresar una idea, es muy importante prestar gran atención a los gestos, muecas de dolor o de alegría que haga.

No hable con otros acerca de los problemas de comportamiento de la persona delante de ella. El que no sea capaz de comunicarse verbalmente no significa que él o ella no entienda lo que pasa o lo que se dice. Piense en cómo se sentiría en una situación similar y sea sensible. Asuma siempre que hay más entendimiento y comprensión de lo que se ve.

No hay que tomarse como un agravio personal las cosas que dice la persona enferma. Cualquier miembro de la familia puede ser acusado de robar dinero, vender la casa familiar o no ser cariñoso. La negación de las acusaciones puede empeorar las cosas. Si le acusa de robar dinero, por ejemplo, puede ofrecerse a ayudar a buscarlo.

Tras una apariencia beligerante, los pacientes que sufren de Alzheimer pueden esconder mucho miedo, desilusiones y ofensas No se lo tenga en cuenta.
- No discuta o trate de razonar. Recuerde que la enfermedad afecta a la memoria y a la capacidad mental de pensar con lógica. Los enfermos pueden no entender por qué no es seguro que conduzcan el coche. La creencia de que lo entenderán si alguien se lo explica varias veces es un error de juicio. Las discusiones pueden también hacer que la persona se vuelva más susceptible y adopte una actitud defensiva. En lugar de discutir y razonar, hay que asumir y confirmar. La desorientación y confusión que son parte de la enfermedad de Alzheimer ocasionan algo más que un comportamiento extraño. La demencia también hace aflorar sentimientos profundos, en nosotros y en los enfermos a los que cuidamos. Estos sentimientos parecen tener poco que ver con el deterioro intelectual. Tras una apariencia beligerante, los pacientes que sufren de Alzheimer pueden esconder mucho miedo, desilusiones y ofensas, igual que nos pasaría a nosotros si nos viéramos frustrados en nuestros intentos de hacer algo que siempre nos ha gustado hacer, algo que era parte importante de nuestra identidad. Quizá lo mejor que podemos hacer es ayudarle a exteriorizar esos sentimientos.

- Evite gritar y levantar la voz. No corrija o se enfrente al comportamiento extraño. Debemos recordar que el comportamiento no es deliberado. Los enfermos de Alzheimer no quieren comportarse como lo hacen. Supere el hecho y olvídelo lo más rápidamente posible. Neutralice la situación utilizando la técnica de distracción. La distracción puede consistir en cambiar de tema, ir a dar una vuelta para "buscar" el objeto perdido, ofrecer una comida favorita.

No deben solicitarse cosas que el enfermo no pueda comprender. Si queremos proponerle una tarea debemos empezar mostrándole cómo puede realizarla y luego ayudarle a conseguirlo mediante instrucciones.

Es útil desconectar el teléfono cuando se sale de casa para evitar que si suena y lo coge preocupe al interlocutor con respuestas desorientadas o simplemente raras.

- Cerrar la llave del gas mientras no se esté cocinando. Si el enfermo solía manejar el calentador de agua o las calderas, hay que evitar que tenga acceso a ellos.

- En toda la casa. No dejar a la vista los objetos que puedan resultar peligrosos, como cuchillos, tijeras... Agua hirviendo, cerillas, encendedores, armas de fuego, etc. son otros tantos peligros que deben mantenerse lejos del alcance de los pacientes. También los objetos de tamaño pequeño (botones, alfileres), ya que se los puede tragar.

- Nunca se debe dejar solo a un enfermo de Alzheimer en terrazas, azoteas o balcones. Tampoco la piscina es un lugar idóneo para dejarle solo, aunque haya sido un excelente nadador.

- Instalar puntos de luz fijos, por si se despierta por la noche y siente miedo.

- Es preferible que no haya espejos, pues puede ocurrir que al mirarse en él no se reconozca y sufra reacciones de miedo.

Mantenga al paciente en contacto con sus familiares y amigos, ayúdele a identificarlos y estimule su participación en las conversaciones. Nunca hay que olvidar que una persona, por muy enferma que se encuentre, continúa necesitando y disfrutando de las muestras de afecto que le pueden ofrecer las personas cercanas.


Prevención y tratamiento farmacológico y no farmacológico
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Manejo de los trastornos de conducta


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