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Cómo atender mejor a nuestros mayores Guía Práctica
CÓMO CUIDARSE PARA SEGUIR CUIDANDO MEJOR
Introducción
Consecuencias del cuidado en la vida del cuidador
Cómo detectar cuándo el cuidado de una persona nos está haciendo daño
Darse cuenta de que es necesario cambiar
Cuidarse para mantener la propia salud de bienestar
Pedir ayuda a otros familiares
Poner límites al cuidado
Pensando en el futuro
Cuidar de la propia salud
Test sobre la carga del cuidador
Test de Yesavage reducido para detectar la depresión
Cuidarse para mantener la propia salud de bienestar
CUIDARSE PARA MANTENER LA PROPIA SALUD DE BIENESTAR
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El cuidado de una persona supone un exceso de trabajo y, como consecuencia, no se suele disponer de tiempo suficiente para atender las propias necesidades. Esta responsabilidad no significa que la persona cuidadora se convierta en un ser que está por encima de las necesidades humanas básicas y que puede pasar por la vida sin atenderlas ni satisfacerlas. Los cuidadores deben llegar a convencerse a sí mismos de que su vida es igualmente digna y tan merecedora de cuidado y atención como lo es la de su familiar.

A continuación se muestra la lista de posibles "señales" de agotamiento y estrés en los cuidadores. Ésta puede ser empleada como un instrumento de detección de la necesidad de incrementar el cuidado de sí mismo. La forma de emplear este instrumento es sencilla: después de leer la lista, se han de marcar las situaciones que se apliquen a cada caso concreto y, de esta forma, la persona interesada podrá saber hasta qué punto necesita cuidarse más. Cuanto más puntos presente, en peor situación se encuentra y más ayuda necesita.

Listado de posibles "señales de agotamiento y estrés de los cuidadores"

- Problemas de sueño (despertar de madrugada, dificultad para conciliar el sueño, demasiado sueño, etc.)

- Pérdida de energía, fatiga crónica, sensación de cansancio continuo, etc.

- Aislamiento.

- Consumo excesivo de bebidas con cafeína, alcohol o tabaco. Consumo excesivo de pastillas para dormir u otros medicamentos.

- Problemas físicos: palpitaciones, temblor de manos, molestias digestivas.

- Problemas de memoria y dificultad para concentrarse.

- Menor interés por actividades y personas que anteriormente eran objeto de interés.

- Aumento o disminución del apetito.

- Actos rutinarios repetitivos como, por ejemplo, limpiar de manera continua.

- Enfadarse fácilmente.

- Dar demasiada importancia a pequeños detalles.

- Cambios frecuentes de humor o de estado de ánimo

- Propensión a sufrir accidentes

- Dificultad para superar sentimientos de depresión o nerviosismo

- No admitir la existencia de síntomas físicos o psicológicos que se justifican mediante otras causas ajenas al cuidado

- Tratar a otras personas de la familia de forma menos considerada que habitualmente.


Darse cuenta de que es necesario cambiar
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Pedir ayuda a otros familiares


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